
"ZParo muere repentinamente durante un viaje oficial a Israel.
Las autoridades de Jerusalén comunican a la delegación española que repatriar el cadáver es muy caro, y puede costar 10 millones de euros al tiempo que le ofrecen la alternativa de ser enterrado en Tierra Santa por 1.000 euros.
Tras deliberar, los diplomáticos españoles comunican a las autoridades hebreas que han optado por la onerosa repatriación.
Cuando se les inquiere el porqué la respuesta es muy simple: “Sabemos que hace 2.000 años un hombre fue asesinado en Jerusalén pero resucitó al tercer día.
Comprendan que no podemos correr riesgos”.

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